
1973-1990
En esta foto de archivo de septiembre de 2008, familiares muestran imágenes de disidentes chilenos desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Ex reclutas podrían revelar los lugares donde están los restos de los desaparecidos pero tienen miedo de ir a la cárcel por estar desprotegidos jurídicamente. (AP foto/Archivo de Roberto Candia)
SANTIAGO DE CHILE (AP) — Centenares y quizás miles de ex reclutas podrían ubicar restos de detenidos desaparecidos de la dictadura militar, pero por estar desprotegidos jurídicamente temen que la revelación les cueste un juicio y la cárcel.
"Los soldados están dispuestos a decir donde hay osamentas de personas desaparecidas", dijo a la AP Fernando Mellado, presidente de la Agrupación de Ex Conscriptos de 1973 de Santiago, que agrupa a unos 80.000 ex reclutas. Aseguró a la AP que "un 20, un 30% está dispuesto a hablar".
Anticipó que miles de ex reclutas se reunirán el domingo en un céntrico paseo de Santiago, para informarles sobre las gestiones para solucionar sus problemas gremiales y los llamará para que le entreguen, anónimamente, datos sobre desaparecidos del régimen de Augusto Pinochet (1973-1990).
En Chile la obediencia debida "teóricamente se aplica y existe" dijo a la AP el abogado de derechos humanos Hiram Villagra, que representa a víctimas que sobrevivieron a la dictadura que en 1973 derrocó al presidente Salvador Allende.
Cifras oficiales señalan que los opositores muertos son 3.186, incluidos 1.197 detenidos desaparecidos. Mellado dijo que muchos ex conscriptos saben donde hay restos.
A 36 años del golpe militar se han ubicado e identificado a menos de un 8% de los desaparecidos, precisó a la AP Viviana Díaz, de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
Hay poco más de un centenar de restos y fragmentos de hueso a la espera de identificación, pero se desconoce el paradero de la mayoría.
Según Díaz, "han venido personas y les decimos: no importa que usted no quiera darnos su identidad, pero cuéntenos bien, lugar, detalles".
Villagra dijo que los jueces tienen la facultad para hacer declarar a los ex reclutas como "testigo reservado, en cuaderno secreto", aunque advirtió que "muy sabiamente se niegan a aplicarla cuando aquel que recibió la orden no confiesa de quién la recibió ni qué hizo".
Pero los ex soldados quieren mayores seguridades de que no serán procesados porque eran menores de edad que fueron obligados a obedecer órdenes, dijo Mellado.
Villagra está dispuesto a recibir información de estos malogrados reclutas y les envió un mensaje: "Claramente no hay ánimo de permitir que conscriptos carguen con la culpa de oficiales, que son los que toman las decisiones".
La mayoría de los desaparecidos cayó en manos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía represiva de Pinochet, al mando del coronel Manuel Contreras, que hoy cumple condenas por más de 350 años por la desaparición de disidentes.
La DINA se incubó y desarrolló en el Regimiento de Ingenieros de Tejas Verdes, cerca de la localidad costera de Llolleo, a unos 98 kilómetros al noreste de Santiago, muy cerca del puerto de San Antonio.
"En Tejas Verdes se desarrolló el verdadero huevo de la serpiente", graficó Villagra, representante de una veintena de sobrevivientes y de familiares de tres desaparecidos, en un proceso llevado por el juez Alejandro Solís contra 10 ex oficiales de la DINA, quien pronto dictará sentencia.
El ex conscripto José Paredes, 56 años, "trabajó" cinco meses en Tejas Verdes y cuando concluyó su servicio obligatorio, fue rechazado en su lugar de residencia, el cercano puerto de San Antonio, tradicional cuna de izquierdistas, donde muchos lo llamaron asesino.
Hoy vive recluido en una pequeña aldea costera, solo con su esposa, cuidando casas de veraneo. Desconfía de todos. La AP sólo pudo contactarlo a través de otro ex recluta, una de las pocas personas en las que confía.
Está enjuiciado como uno de los asesinos del folclorista Víctor Jara, en el Estadio Chile de Santiago, cargo que él niega.
"Hay cosas que siempre he dicho, me las voy a llevar a la tumba", declaró, aunque poco a poco se fue abriendo con el equipo de AP.
El regimiento de Tejas Verdes fue dividido y en un sector quedó la Escuela y en el otro el Campamento de Prisioneros N2, formado decenas de chozas de madera de unos 2 x 2,5 metros, con piso de tierra, la mayoría oscuras, algunas con una ventana clausurada y fisuras entre las tablas.
Por las rendijas los miles de prisioneros que pasaron por allí a veces veían a los conscriptos que los custodiaban y la camioneta blanca que los iba a buscar para llevarlos a la sala de torturas, en el subterráneo del casino de oficiales, según coincidentes relatos judiciales de sobrevivientes.
"La camioneta la llamaban 'La Paloma', porque era blanca, se los llevaban al regimiento y quedaban hechos mier... las placas (dentales), la dentadura, hechas mier...", relató Paredes, con los ojos llenos de lágrimas.
La sala de torturas era conocida como "El canta gallo" o el "Centro médico", porque algunos torturadores se ponían delantales blancos antes de empezar las sesiones, agregó.
"La misión de nosotros era estar afuera, escuchábamos los gritos", afirmó.
No hay cifras oficiales de cuántos prisioneros pasaron por el campo de Tejas Verdes, cerrado a mediados de 1974, pero Villagra estima que fueron varios miles y que los desaparecidos son decenas.
Paredes reveló que los famosos vuelos de la muerte se practicaron desde el comienzo en Tejas Verdes.
"Venía el helicóptero una vez a la semana y hacían viaje para allá adentro, (mira hacia un lado y muestra el mar), aterrizaba en el regimiento y se llevaba los muertos... era como ver una película nazi, con las casetas de prisioneros", reveló.
Añadió que "trabajé con 500 ó 600 prisioneros...ahí por lo menos conté como 30 ó 40 muertos".
Las torturas y los métodos de desaparición se han conocido por años, y aunque según cifras a las que accedió AP hay 769 agentes procesados por asesinatos y abusos --la mayoría militares-- casi todos niegan los delitos. Al 31 de agosto había sólo 276 condenados.
"Fuimos actores y también testigos de muchas brutalidades que se cometieron y hoy estamos dispuestos a comentarlas y a decirlas por un tema de redención personal. Así que si hay alguna instancia donde nosotros podamos declarar, quizás hoy en forma anónima, en primera instancia, encantados lo vamos a hacer", declaró Mellado a la AP.
Afirma que no han sido escuchados por las autoridades civiles de este ni de anteriores gobiernos, ante los que se han quejado de lo que califican como su desamparo.
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