Agus Morales
Abbottabad (Pakistán), 2 may (EFE).- Doce horas después de que militares norteamericanos mataran esta madrugada a Osama Bin Laden, la indiferencia y la incredulidad predominaban en esta tranquila ciudad de montaña del norte paquistaní, escenario de la operación.
En el barrio residencial de Pilal, donde se encuentra la mansión en la que se refugiaba el líder de Al Qaeda, no pueden creerse que tuvieran de vecino al hombre más buscado del mundo, cuya muerte no ha roto la rutina en una ciudad de la que se habla en todo el globo.
Escolares con hiyab, un mercado atestado y un tráfico congestionado componían hoy el panorama en esta localidad, donde la presencia del ejército alrededor del "punto 0" -la casa donde vivía Bin Laden- es el único signo de que las cosas no son igual que ayer.
Muchos lugareños rehuían preguntas y hacían gestos bruscos si el periodista se les acercaba con una cámara en la mano, algunos bromeaban con la noticia, había quienes expresaban sentimientos encontrados y no faltaba el que mantenía que todo era mentira.
"Lo he visto en televisión, dicen que se han llevado al cadáver", dijo indolente a Efe Ajmal Wahab, dueño de una tienda de neumáticos.
"¿Que dónde han matado a Bin Laden?", contestó con media sonrisa y por toda respuesta un vecino a la pregunta sobre el lugar exacto donde había muerto el líder de Al Qaeda.
Otros recurrieron a fuentes indirectas para desmarcarse.
"Me lo ha dicho un amigo, pero no tengo televisión, no sé nada", comentó Rehman, propietario de una gasolinera.
Ibrahim, clérigo de una mezquita, también echó balones fuera: "no tengo sentimiento positivo o negativo, no tengo opinión", dijo.
Shehbaz, que se encuentra al frente de la gestión de un proveedor de teléfonos, va más allá, y para él todo se trata de una farsa.
"No es fácil matarlo, no es un hombre cualquiera. Estados Unidos está mintiendo, no está muerto", espetó.
La prensa ha comenzado a llegar en masa a Abbottabad, que solo había visto semejante afluencia en periodo vacacional.
Situado en un valle de paisaje idílico y de habitual poco poblado, la ciudad es lugar de descanso para la clase media y alta de Islamabad, a un centenar de kilómetros que, no obstante, exigen tres horas de conducción debido a lo intrincado de la ruta.
Pese a la progresiva invasión de periodistas, el esfuerzo por llegar a Abbottabad tendrá poca recompensa para la mayoría de ellos.
Las autoridades mantenían desde primer hora de la tarde un férreo despliegue de seguridad que impedía el acceso a la zona donde fuerzas especiales norteamericanas abatieron a Bin Laden.
"Hay cosas que hay que mantener a cubierto", dijo a Efe un soldado en uno de los puestos de control del cordón de seguridad, con un perímetro de dos o tres kilómetros y que cerca por completo el área donde está la casa en que vivía el líder de Al Qaeda.
Se trata de una mansión de tres plantas, valorada en un millón de dólares y ubicada no lejos de la academia militar de Kakul, centro de formación de los cuadros del Ejército de Pakistán y donde hace algo mas de una semana se produjo una declaración premonitoria.
De visita a la prestigiosa instalación, el comandante en jefe del Ejército paquistaní, el general Ashfaq Pervez Kiyani, pronunció una alocución en la que aseguró que "nuestras fuerzas han roto la espina dorsal de los terroristas y prevaleceremos sobre esa amenaza".
Aunque precisó que la operación que puso fin a la vida de Bin Laden la llevaron a cabo fuerzas norteamericanas, el Gobierno de Pakistán emitió esta mañana un comunicado en el que afirmó que la operación "ilustra" su compromiso de luchar contra el terrorismo.
Acusado con frecuencia de tibio en ese compromiso, el Gobierno paquistaní apuntaba en el texto que ha interpretado "un papel significativo contra el terrorismo", y que en ese empeño mantiene una relación fluida con varios servicios de inteligencia.
"Entre ellos -concluía el comunicado-, los de Estados Unidos". EFE
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