Un trabajador filipino junto a un poste eléctrico derrumbado por una tormenta en Manila, Filipinas el sábado 31 de octubre de 2009. (Foto AP/Mike Alquinto)

Un trabajador filipino junto a un poste eléctrico derrumbado por una tormenta en Manila, Filipinas el sábado 31 de octubre de 2009. (Foto AP/Mike Alquinto)

Residentes de la población de Santa Cruz, Filipinas, caminan entre las aguas de una inundación causada por el tifón Mirinae el sábado 31 de octubre de 2009. (Foto AP/Bullit Marquez)

Residentes de la población de Santa Cruz, Filipinas, caminan entre las aguas de una inundación causada por el tifón Mirinae el sábado 31 de octubre de 2009. (Foto AP/Bullit Marquez)

MANILA (AP) — Un nuevo tifón azotó el sábado la capital filipina y las provincias colindantes que apenas se recuperan de las inundaciones por otras tempestades recientes. Siete personas murieron y cinco más estaban desaparecidas, de acuerdo con las autoridades.

El tifón Mirinae es la cuarta tormenta que arrasa el norte de Filipinas desde finales de septiembre y trajo aún más penurias a las zonas afectadas por las tormentas anteriores. Casi 95.000 personas que escaparon a los otros tifones continúan viviendo en albergues temporales, informó la agencia nacional de manejo de desastres.

Para la tarde del sábado el último tifón se dirigió hacia el mar y se debilitó hasta convertirse en una tormenta tropical. La tormenta se desplazaba aparentemente hacia Vietnam.

Mirinae pasó por la provincia de Quezon al noreste de Manila alrededor de la medianoche del viernes, al tiempo que las autoridades filipinas evacuaban a más de 115.000 personas en nueve provincias al este y al sur de la capital, que estaban en la trayectoria de la tormenta en la importante isla de Luzon, informó el Consejo Nacional para Manejo de Desastres. En su punto más alto, los vientos de Mirinae soplaban a 150 kph (93 mph) y tenían ráfagas de hasta 185 kph (115 mph).

Un río en la provincia de Laguna, al sur de Manila, se desbordó arrastrando un puente e inundando gran parte de los alrededores del pueblo de Santa Cruz, cercano a un lago. Los residentes subieron a los techos de sus casas para escapar del agua, dijo el alcalde Ariel Magcalas.

El agua había descendido con el paso de las horas, pero aún continuaba a más de un metro de altura en algunas comunidades.

En las últimas semanas Filipinas sufrió el paso del tifón Ketsana, al que siguió Parma y Lupit. Más de 900 personas han muerto en las tormentas.

Al tiempo que pasaba Mirinae millones de filipinos se desplazaban a sus provincias natales para celebrar el Día de Todos los Santos y el Día de Muertos en esta nación predominantemente católica.

El secretario de Defensa, Gilbert Teodoro, expresó el temor de que las inundaciones y las congestiones vehiculares pudieran atrapar a los visitantes en los panteones, donde la gente suele pasan el día o incluso la noche para recordar a los muertos. Pocos hicieron caso de este llamado y las estaciones de radio reportaban que grandes congregaciones habían llegado a los cementerios, incluyendo las zonas inundadas.

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El periodista de The Associated Press Hrvoje Hranjski contribuyó con este despacho.

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