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Actualizado: 10/7/2012 12:12 PM | EFE, EFE

La arquitectura lusa muestra su vitalidad en medio del acoso de la crisis

Los edificios lisboetas más emblemáticos se han abierto este fin de semana al público en el Lisboa Open House, que muestra destacados exponentes de la arquitectura lusa cuando su futuro se encuentra más amenazado por la crisis.


Lisboa, 7 oct (EFE).- Los edificios lisboetas más emblemáticos se han abierto este fin de semana al público en el Lisboa Open House, que muestra destacados exponentes de la arquitectura lusa cuando su futuro se encuentra más amenazado por la crisis.

Un total de 54 puntos de la capital lusa han conformado la oferta de la primera edición de este evento, que ha colocado sus edificaciones a la par de otras cinco ciudades que también lo organizan, como Londres, donde comenzó esta iniciativa en 1992, Barcelona o Nueva York.

Por la calidad y variedad de sus espacios, de muy variadas épocas, Herbert Wright, crítico y consultor del Open House Worldwide, pensó en Lisboa como "una ciudad perfecta" para la iniciativa, según cuenta a Efe Manuel Henriques, director ejecutivo de la Trienal de Arquitectura de Lisboa, organizadora del evento.

El certamen, que exhibe algunas de las mejores joyas del patrimonio arquitectónico luso, coincide con el momento más crítico para un sector que ha dado a Portugal dos premios Pritzker (el Nobel de la arquitectura) en las últimas dos décadas: Alvaro Siza Vieira (1992) y Eduardo Souto de Moura (2011).

Los problemas del sector inmobiliario, paralelos a los que atraviesan las finanzas y la economía del país, han llevado al cierre de muchos estudios de arquitectura y han dejado sin trabajo a numerosos profesionales, como ha lamentado públicamente Souto de Mora.

La primera edición del Lisboa Open House desafía esas penalidades para mostrar con orgullo al visitante los tesoros urbanísticos de la ciudad, que en varios casos volverán a cerrar sus puertas al público tras este certamen.

Entre los edificios escogidos, plurales en su datación, están desde el Monasterio de Los Jerónimos (s.XVI) a las oficinas de la Radio Televisión Portuguesa.

Abundan las construcciones de propósito muy diferente, como una planta de tratamiento de aguas, varios palacios o un apartamento de las afueras, reformado con gran estilo.

También se abren peculiares espacios lisboetas como el Teatro Thalia, reconstruido tras un incendio que acabó con el recinto original hace ciento cincuenta años y abierto de manera exclusiva este fin de semana.

En otros casos, la obra arquitectónica permite también recrearse en el entorno, como es el caso de las torres del complejo postmodernista de Las Amoreiras, un imponente complejo comercial y de oficinas cuyas azoteas se abren para mostrar la mejor vista panorámica de la ciudad y sus colinas.

"Además, Lisboa tiene la ventaja de ser relativamente pequeña, de una dimensión humana", opina Henriques al explicar que se pueden visitar la mayoría de los edificios sin tener que desplazarse en coche, con paseos favorecidos por el suave clima de la capital lusa.

En algunas de las construcciones hay guías, a veces los propios arquitectos, para crear "una relación con las personas no profesionales y despertarles la fascinación de la arquitectura", el objetivo de la Open House, según el presidente de la Trienal, José Mateus.

El certamen ha tenido una respuesta "masiva e inesperada", señala el director ejecutivo, y prácticamente se han agotado las plazas disponibles para visitas, una muestra, para él, del mucho interés existente por la arquitectura.

Pero el sector sufre con especial intensidad la crisis lusa y pasa momentos difíciles, reconoce, con muchos creadores que cierran sus estudios o salen del país.

Es una constante pérdida de talento, señala Mateus, originada en un problema "económico y cultural" que ha causado una súbita desaparición del mercado arquitectónico portugués, tanto público como privado.

"Hasta un arquitecto como Siza Vieira -que al premio Pritzker suma el León de Oro de la última Bienal de Arquitectura de Venecia- ha reconocido tener problemas para encontrar proyectos en Portugal", lamenta Mateus.

Pero la Lisboa Open House, aseguran los organizadores, no dejará de dar aliento a la arquitectura lisboeta y volverá a mostrar, el próximo año, su gran vitalidad y esplendor. EFE

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