
El frente equivocado para Romney
El republicano difícilmente logrará rédito político atacando la política exterior de Obama, punto fuerte de su presidencia.
Mitt Romney inició -con mal pie- esta semana una gira por Gran Bretaña, Polonia e Israel para sacarle lustre a sus credenciales en asuntos internacionales y atacar al presidente Barack Obama por ese flanco, aunque lo más seguro es que pinche en hueso. Si en algún frente el mandatario puede respirar más tranquilo, es precisamente en política exterior.
Por eso parece todo un augurio la metida de pata diplomática del presidenciable republicano, que en un ataque de sinceridad criticó los preparativos de Londres para los Juego Olímpicos que empiezan hoy en la capital británica. El incidente a fin de cuentes es menor y el candidato enseguida enmendó el tropiezo. Aunque de todas formas se ganó la regañina del primer ministro británico, David Cameron, quien dijo que organizar unas Olimpiadas en Londres no es lo mismo que hacerlo "en medio de la nada", en una poca velada referencia a los Juegos de invierno de Salt Lake City de 2002 que Romney encabezó.
Toda una lección práctica del campo minado que puede resultar la política exterior, más para alguien como el exgobernador de Massachusetts cuyos fuertes son las finanzas y la economía. Y es que lo que suceda en el mundo está lejos de ser el centro de atención en estas elecciones presidenciales, en que el desempleo y la crisis del euro prima más que las tensiones con Rusia o la frustrante relación con Pakistán.
Terminada la pesadilla de Irak, en camino a la salida en Afganistán y con Osama Bin Laden muerto, los estadounidenses parecen poco inclinados a que su país ejerza a pleno gas su papel de primera potencia como hizo durante la presidencia de George W. Bush.
A tenor de las encuestas, parecen contentarse con la relativamente callada política exterior de Obama, en la que EE.UU. nunca ha preferido reducir su perfil y ha buscado afrontar crisis arropado por coaliciones amplias a las que ha cedido protagonismo. El mejor ejemplo es la guerra civil que llevó a la caída de Gadafi en Libia o la respuesta a la represión en Siria, en la que países de la región como Turquía han sido igual o más beligerantes que Washington contra el régimen de Damasco.
Romney difícilmente puede encontrar espacios a la crítica en estas situaciones, más allá de acusaciones vagas de que la posición internacional de EE.UU. se ha "debilitado" con Obama y ha "traicionado" a aliados como Polonia e Israel. A los polacos por cancelar el escudo antimisiles que molestaba a Rusia, y a los israelíes por no alinearse al 100% con las posiciones del primer ministro Benjamín Netanyahu, con quien claramente el mandatario estadounidense no se lleva bien.
Como señalaba el analista Fareed Zakaria en la revista Time, los polacos no deben estar muy enfadados con el presidente estadounidense si favorecen su reelección por un margen de 5 a 3, según una encuesta de la Fundación Pew, mientras que los chechos -otros de los supuestamente agraviados por el escudo- quieren ver a Obama de nuevo en la Casa Blanca en una proporción de 6 a 1.
El caso israelí puede ser -más allá de lo acertado o equivocado de las acciones de Obama- más dañino para el Presidente dado el peso del voto judío y la tradición adhesión de los estadounidenses el Estado hebreo. Pero, por ahora, no hay indicios de ello.
Romney puede reiterar hasta desgañitarse que será más duro con Irán y su programa nuclear, pero sabe que muy pocos tienen las ganas y el estómago para abrir un nuevo conflicto en Oriente Medio de incalculables consecuencias.
En cuanto al terrorismo, la desaparición de Bin Laden y la proliferación de los ataques con aviones no tripulados contra cabecillas de Al Qaeda dan poco pie a una acusación de debilidad. De hecho, esos bombardeos en los que también mueren civiles son una de las razones por las que la aprobación de Obama ha descendido en el mundo árabe y musulmán.
Es por eso que, como señala Zakaria, el actual mandatario demócrata es el primer candidato de su partido desde Lyndon Johnson en 1964 en afrontar el examen de las urnas con ventaja en materia de política exterior. Los 15 puntos que le saca a Romney en este capítulo en los sondeos son un claro indicio de que el republicano poco tiene que rascar por ahí y que tras su gira por el globo debe volver a concentrarse en la economía. Ya se sabe, "it´s the economy, stupid".
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| Etiquetas: | Barack Obama |
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